F T V M
"Maudit soit celui qui, à l'heure suprême où nous touchons, pourrait conserver une préoccupation personnelle, une arrière pensée, quelle qu'elle fût ."
Blanqui
 

 

¿Qué sentido tiene hablar de “la patria en peligro” ?
 

¡La patria está en peligro! Y lo está porque lo estamos cada uno de nosotros. No es una lucha generacional ni una lucha de clases, sino la de la persona en tanto que tal frente al autómata devorador en que hemos convertido el sistema económico y sus andamiajes políticos. No estaremos al servicio de númenes como Dios, el Estado, la Revolución, el Pueblo o el Capital, ni siquiera de la Patria como categoría inamovible e inalcanzable. Nosotros, individuos libres e insumisos, somos patria.

En 1871 Casimir Bouis publicó los diarios de guerra del revolucionario Augusto Blanqui bajo el título La patrie en danger. En efecto, estaba en peligro. Pero no porque se atacara precisamente a las instituciones que decían defenderla –tan enemigos eran los prusianos como los serviles de una monarquía agonizante-, sino porque se estaba atacando al tejido civil que la integraba. Eso queremos ser nosotros frente al Leviatán y para ello le damos la espalda a la patria como objeto de contemplación.

 

 

Nos han configurado para aceptar una pirámide social en la que sólo merecen misericordia los que están en la miseria absoluta. Es conmovedor contribuir con las oenegés que reparten comida a los sintecho, pero hay otro tipo de miseria, una que no llega a ser pobreza y no empuja del todo a la errabundía, que mantiene a quien la padece en un nivel de la pirámide con permanentes sueños de ascenso. Sueños que nunca se cumplen, pero que fuerzan a seguir intentándolo. Personas que viven al límite y que son verdaderos detritos del cuerpo social. Se les da limosna a través del INEM, se los soporta en geriátricos o se los abandona en hospitales; molestan porque no aportan nada a la sociedad, pero al menos pagan impuestos y consumen algo.

Y aún hay otros, todos aquellos que (retórica proletaria al margen) son explotados cada día en fábricas y oficinas. De nuevo nos encontramos con las frustraciones contemplativas de una capa social que se conforma con no ser expulsada del todo y mantenerse todavía cerca de los ciudadanos

 

que gozan de todas las virtudes sociales. Carnaza de ETT, becarios e interinos ad nauseam que han sido secados de toda espiritualidad, despojados de toda sustancia, exprimidos hasta la última ilusión, ridiculizados en cada contrato, humillados en cada jornada, esclavizados en cada préstamo.

Blanqui, Rimbaud, Baudelaire… Artistas en la revolución, nada que ver con lo que sufrimos en el siglo XX siguiendo concepciones ascéticas de la política. Rebeldía estética o estética rebelde; en la segunda se perdieron varias generaciones del siglo pasado. Según Dámaso Alonso, «cuando murió el poeta se quedaron / tristes todas las cosas pequeñitas / que él cuidaba». Nosotros tenemos la obligación de diagnosticar las enfermedades de la patria, ¿cuáles? ¡Ya se verá, si la historiografía no se nos echa encima! Por el momento, ubi bene ibi patria.

 

 

La patria no es más que un discurso, humo y error de la realidad político-cultural que crea orgullos de paleto cuando vamos a ver jugar a la selección, mientras nuestros propios banqueros, patriotas como nosotros, nos ahogan en la usura.
La política jamás ha tenido nada que ver ni con patria ni con cultura, ni ahora ni en tiempos de Bismarck, Blanqui o Stalin. Es por esto que a la patria, debemos ser nosotros quien la ponga en peligro y atacarla como Circe embaucadora que a todos convierte en poco más que cerdos.

Pero la patria es capaz de mover masas como ninguna exposición coherente de la realidad financiera jamás lo hará. Y si alguien puede soportar con calma las continuas pérdidas de las condiciones laborales un día ganadas, auténticas explosiones pseudoapocalípticas de violencia radical se producen cuando su “patria” está en peligro. Por esto, ironía aristofánica por bandera, gritaremos que la patria está en peligro. Y no nos cansaremos de travestirnos por cualquier ideología que lleve a la acción. Y gritaremos, ¡sí!, ¡gritaremos que la patria está en peligro y

 

que vienen los banqueros a acabar con ella! Y fantasma entre fantasmas cualquier mentira es buena si mueve a las masas a dejar la sociedad del ocio por la organización armada.

¡Perfecto!¡Vengan hordas de nacionalistas analfabetos, pero que vengan llenos de odio! Y si Lenin también se vendió al nacionalismo es porque lo hizo como nosotros, ¡por pura táctica! Y si Rosa Luxemburgo le criticó por ello, nosotros le respondemos que es cuestión de números. ¡Que la misma política es cuestión de números! Porque si lo que le importa a la masa es la patria, pues pongamos en peligro eso que llaman patria, aunque ninguno sepa qué sea exactamente.

Y así, con la patria en nuestros corazones nos dirigimos a esa multiplicidad que aún llamamos masa. A toda persona que esté cansada y aburrida de comer mierda. A todos aquellos que se les da una limosna de 400 euros para que estén tranquilos en sus casas saboreando los desechos de lo que una vez fue una vida. A todos aquellos encerrados en los geriátricos y los hospitales. Y a

 

los presos también, orgullosos de ser españoles aunque su patria les considere escoria que no merece tener libertad de movimientos. Pero sobre todo nos dirigimos a los que aún trabajan. Y en especial a todos esos come-mierdas que creen que mantienen sus trabajos porque han sido mejores o más eficientes que el resto de sus com-patriotas, cuando no a todos esos becarios e iterinos que creen que han logrado ese empleo por sus propios méritos. A todos ellos les decimos, ¡eh! ¡compatriota!, ¡la patria está en peligro!, ¡la patria está en peligro! ¿Es que no lo entiendes? ¡Estamos siendo colonizados!
-¿Por quién? ¿Por Alemania?¿Por Europa? ¿Por China?
-¡No, com-patriota! ¡por el Fondo Monetario Internacional!