F T V M
 

 

-¿Se me escucha? Flavio, ¿se me oye bien? ¿Se ve tersa mi toga? ¿Si? ¿Estamos listos? Empezamos: V, IV, III, II, I...

 

Buenos días ciudadanos, romanos patricios, plebeyos, hombres libres todos. Os habla vuestro querido Servio Sulpicio Galba, cronista de la corte imperial de nuestro divino emperador. Hoy, en la sexta calenda de Sextilis del año CCML ab urbe condita estamos a punto de presenciar un espectáculo sin precedentes en un escenario de excepción. Aquí, en nuestro Circo Máximo, no veremos en esta ocasión a Fuscus de Tarraco ni a Adelphos de Tracia volar sobre sus cuadrigas, pero la apuesta promete ser igual de emocionante. Hoy no jugamos nuestros denarios ni a los Blancos ni a los Rojos, ni a los Azules ni a los Verdes, sino a la vida o la muerte de un hombre. ¿Un hombre?, os preguntaréis, ¿qué tiene de emocionante que un hombre viva o muera cuando a solo unos estadios podemos disfrutar de los sangrientos combates del Coliseo? Esperad, os diré, porque este hombre podría ser más que eso. Podría ser un dios. O al menos eso dicen. Ciudadanos, ante ustedes, llegado de las yermas montañas de Samaria, ¡Simón el Mago!

¿Que aún no les suena su nombre? ¡Por Plutón!, ¿Pero de qué hediondo agujero del Imperio habéis salido? ¿Es que no leéis las noticias? ¿O es que vuestros negocios y orgías os vuelven sordos al clamor de la chusma? No hay sólo callejón en Roma donde no se haya oído hablar de los prodigios de este extranjero. ¿Estáis, acaso, tan aturdidos por el vociferío de los profetas de la Nueva Era que no habéis

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escuchado los rumores sobre sus milagros, que no habéis visto las evidencias? Entiendo. Ya sé que todos vosotros, ciudadanos virtuosos, mantenéis viva la llama de vuestros lares y acudís a los templos para hacer vuestras ofrendas a los dioses públicos. Qué encantadora hipocresía. En lo más profundo de vuestros corazones habéis sustituido a la triáda capitolina por cambalaches de deidades exóticas.

El centenario culto de Cibeles, la Gran Madre Isis, los misterios de Mitra, o peor aún, ese dios blandengue y decadente de los cristianos. En cualquier esquina de la urbe encontramos a sus ministros con las bocas hinchadas de promesas: éxito empresarial, protección contra enfermedades, placeres exquisitos e incluso (esto sí que tiene gracia) la salvación eterna. Pero he aquí a un hombre que ha venido a desenmascarar a esos farsantes que ni tan siquiera han logrado el remedio a vuestra apatía y vuestra indolencia.

Simón, ¿me permites que te llame Simón?

S -Por supuesto, hijo mío

SSC -Dinos, Simón. ¿Son ciertos todos estos milagros que se te atribuyen? En Roma no se habla de otra cosa en estos días...

S -Son tan ciertos como que hay Dios, y que Dios es Uno, y que habló por los profetas, y que se encarnó en Cristo y que fue crucificado por nuestros pecados.

SSC -Ejem, ¿Cristo? ¿No es ese el nuevo Orfeo al que adoran los cristianos? Como sabrás, Simón, estos gentiles de moral depravada no están bien vistos por nuestra casta política y existe una persecución activa en su contra. Esas ideas que difunden sobre el amor, el arrepentimiento y la bondad son esencialmente anti-romanas, por no mencionar su reluctancia a reconocer la autoridad del emperador. ¿Cómo es que (y perdona mi atrevimiento) estás en la arena del circo como protagonista de una exhibición y no como plato principal del menú de alguna fiera?

S -Te perdono, Servio. Verás, hay una diferencia fundamental entre los grupos que tu denominas cristianos y mis seguidores, de los que soy cabeza y pastor. Nosotros, al contrario que esa secta judía de Pablo, no negamos la autoridad del emperador Nerón (del que, por cierto, soy un buen amigo). Al contrario, la consideramos una concesión divina. Todo poder emana de Dios, y es el gobernante quien, en la medida de sus virtudes, dispone de ese poder para ordenar a sus gentes en armonía y para gloria del Creador.

SSC -Te pido disculpas de nuevo, Simón. Pero me parece ingenuo tu planteamiento.¿No está llena de malos gobernantes la historia de la República? ¿Y del Impero? Todos sabemos lo nefasto que fue el reciente reinado de Tiberio para las arcas públicas. ¿Significa eso que este dios tuyo es un mal gestor? ¿Hemos de culparle a él del encarecimiento del precio de los esclavos, de los conflictos en nuestras fronteras o de la devaluación de nuestros denarios? Te puedo asegurar que nos alegramos cuando Calígula y Macro lo remataron...

S -Dios no tuvo nada que ver con las decisiones equivocadas de Tiberio ni con los malos consejos de sus asesores El agua brota pura de la fuente, sólo en su trayectoria puede viciarse o estancarse. El mismo Cristo, del que tanto renegáis, después de repudiar la autoridad religiosa del sanedrín se sometió a la autoridad política del gobernador romano que lo condenaba a muerte. ¿Comida de fieras, dices?, ¿Cuando hemos visto una paz tan larga en Roma? Nuestro amado Nerón ha sabido aprovechar el privilegio que se le ha concedido. Gustosamente me dejaría devorar por leones o cornear por uros si lo dispusiese un gobernante que sabe mantener cerradas la puertas del templo de Jano.

 

SSC -¡Por Júpiter! No sólo hablas como un viejo republicano, sino que tienes mejor gusto que esos paganos. Esa túnica que vistes centellea como la vara de Príapo en una fiesta de bacantes. Jamás vi una así en el foro.

S -Lo dudo, es un material nuevo importado de Siria, y sólo existen unos pocos proveedores en Roma. Lo llaman seda.

SSC-Te habrá costado unos cuantos aúeros.

S-Más de unos cuantos. Gracias a Dios, el señor multiplica los panes, los peces y los sestercios para quienes trabajan en nombre del Señor.

SSC -¡Dioses! Esto sí que es extraño. ¡Un cristiano que trabaja! ¿Pero no era la vuestra una religión de esclavos? No os consideraba partidarios de generar riqueza, al contrario, según me confesó uno de mis siervos, seguidor de vuestra doctrina, creéis que al abrazaros a los bienes de este mundo os alejáis de una supuesta recompensa eterna. ¡Cielos! Buenos latigazos me costaron volver a convencerle de la importancia de administrar bien las cuentas de la domus. Y eso que era un esclavo de Judea, de los mejores en estos menesteres...

S -Y obraste con justicia Servio. He aquí otra diferencia entre mis seguidores y los mal llamados cristianos. Nosotros participamos activamente en la creación de riqueza. ¿Como podemos llamarnos a nosotros mismos ciudadanos si no cumplimos con nuestras obligaciones? “Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”, dijo Cristo. Nosotros cumplimos escrupulosamente con Dios y con el César. Celebramos nuestros sacramentos y pagamos nuestros impuestos como cualquier romano. Y por tanto, debemos rentabilizar los talentos que el Señor nos ha dado. ¿Conoces la parábola de los talentos?

SSC-Me desconciertas, Simón. ¿Qué tiene que ver vuestro Dios con la moneda?

S-Hijo mío, no te apures. ¿No te dije que el poder del emperador procede del mismo Dios?

SSC -Sí, lo recuerdo.

S-¿Y qué efigie es esta que vemos acuñada en la cara de esta moneda?

SSC-¿La de Nero Claudius Caesar Augustur Germanicus?

S -En efecto. La de Nerón, hijo mío. La de Nerón...